jueves, 13 de mayo de 2010

Pequeñas perversidades.

En el primer párrafo del artículo "Histriones y presidentes" publicado en El Nuevo Herald , Carlos Alberto Montaner comienza con una frase certera: “Antanas Mockus, el candidato puntero en las próximas elecciones colombianas, es un hombre curioso”. Es sin dudas curioso este hombre que apela en sus propuestas de gobierno a conceptos como pedagogía, civismo, cultura ciudadana. Y se empeña en producir símbolos para influir en el comportamiento de los ciudadanos. Curiosa es también su imagen (“su pinta” se diría en Colombia) con esa barba sin bigote y esos modos de hablar que recuerdan su profesión de docente. En el mismo párrafo Montaner dice: “Pasó gloriosamente por la alcaldía de Bogotá un par de veces dejando un rastro de extravagante eficacia". Lo de pasó gloriosamente es una manera algo florida de decir que Mockus ha merecido un alto reconocimiento por su gestión como alcalde de la ciudad de Bogotá, en cambio cuando califica de extravagante su eficacia, está “pordebajiando” esta última, sin aportar ningún argumento para sustentarlo. Es, Alberto, una manera ingeniosa, pero no justa de cuestionar la gestión de un político.
El siguiente párrafo lo comienza con una verdadera joyita: Mockus, desde el punto de vista clínico, exhibe un claro trastorno de personalidad: es un histrión. ¿En qué concepto emitido por un psicólogo o psiquiatra se sustenta esta afirmación? Si ese concepto no existe –en caso de existir invito al señor Montaner a que nos lo comparta, ya que lo ha hecho público- el articulista está apropiándose de terminología clínica de la manera mas superficial para descalificar a un candidato que evidentemente no le gusta. Las incorrecciones y las excentricidades que enumera a continuación son ciertas, pero no alcanzan para sustentar el diagnóstico que el articulista le endilga. A partir de este punto y con los argumentos anteriormente expuestos ya trata al candidato presidencial como una persona con desequilibrios psíquicos y desde esta perspectiva cuestiona su capacidad para gobernar. Es un artículo fluido, pero profundamente sofista. Con técnicas como esas se puede demostrar que la tierra es cuadrada.
Una vez que el señor Montaner logra mediante el referido malabarismo identificar al candidato Antanas Mockus con una persona que sufre “trastornos de la personalidad”, se despacha enumerando todas las características negativas que presentan los pacientes que padecen ese mal, para luego enlazarlo con la aspiración presidencial de dicho señor y descalificarla. Y para rematar equipara al profesor Mockus con Fidel Castro y con Hugo Chávez. Tuve la tentación de decir que esto último es surrealista, en alusión a un calificativo semejante que el usó en su artículo, pero no fui capaz de hacerlo porque en realidad es mucho mas grave: es indignante.
Los colombianos todos saben quién es Mockus y a ninguno de ellos, siquiera a sus más acérrimos detractores, se les ocurre decir semejante insensatez. Todos reconocen que ha sido un mandatario eficiente, serio, que actúa en el más estricto apego a la ley. Lo anterior no significa que todos estén de acuerdo con él o no le cuestionen algunos de sus criterios o de sus actuaciones. Claro que hay discrepancias en torno a él; pero en ninguno de los cuestionamientos se han usado unos argumentos tan traídos de los pelos.
La honestidad, la eficiencia y la legalidad han devenido factores que están pesando mucho en la decisión de los votantes en la actual campaña electoral. Cuando fue electo Andrés Pastrana los votantes estaban hartos de la guerra y eligieron a alguien que parecía tener la posibilidad de logar la paz. Cuatro años después esos mismos electores estaban convencidos de que las FARC no estaban hablando seriamente de paz sino sacando ventajas bélicas y en consecuencia eligieron a quien estaba prometiendo la guerra: Álvaro Uribe Vélez. Hoy parecen estar hastiados de la abierta transgresión de la legalidad por parte del ejecutivo y buscan a alguien que no crea que el fin justifique los medios y por ello Antanas Mockus aparece liderando las encuestas.
Ante un Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) montando operativos de desprestigio a la Corte Suprema y los opositores al mejor estilo del G2 (servicio de integencia cubano), ante el asesinato de civiles para hacerlos pasar como bajas de guerrilleros caídos en combate, ante escándalos de corrupción como los ocurridos con el programa agroingreso seguro o la denominada “yidispolítica”; un gobernante que ha estado ajeno a la corrupción, la politiquería y los malos manejos en los asuntos públicos, resulta interesante para los electores.
Cualquier periodista tiene el derecho de estar de acuerdo con esa tendencia o discrepar de ella y combatirla. Uno solo esperaría que esa discrepancia se maneje con altura y no al mejor estilo de JJ Rendón (publicista reconocido por el uso de la llamada “propaganda negra”). Para la democracia -esa que tanto pregona el señor Montaner- es muy conveniente que las diferencias de criterio se expresen. Cuando en lugar de argumentos se recurre a malabarismos retóricos para sustentar lo insustentable, se degrada el debate.
Este que comento es un artículo fluido y habilidoso, pero no veraz. Lastima.

PD: Si pudiese votar en Colombia no votaría por Antanas Mockus (al menos en la primera vuelta, pues ya en una segunda vuelta escogiendo entre Santos y Mockus no dudaría en votar verde). No escribo movido por una pasión de activista en campaña ni por un fervor mockusiano, sino por el rechazo que me produce el método desde el cual se construye la argumentación del artículo.

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