domingo, 23 de marzo de 2014

DESCARGA VII: TURISTAS, VAYAN A POPAYÁN.

DESCARGA: La “descarga” es una expresión espontanea, informal, un desahogo, un dejar fluir emociones o ideas.


Vayan a Popayán. Eso literalmente es lo que quiero decir en esta descarga. Mi tendencia natural sería decir “vayan al Cauca” para no contribuir a la odiosa preponderancia que siempre se permiten las capitales sobre los territorios que las sostienen. La razón de esta focalización en el llamado se encuentra en una invitación en sentido contrario hecha por un periodista de Popayán. Lejos estoy de descalificar las razones de ese señor para expresar su desazón con la ciudad que habita, pero tengo dos poderosas razones para no estar de acuerdo:
1.    Los argumentos para invitar a no visitar la ciudad tienen más que ver con un desacuerdo profundo con el gobierno municipal que una desvalorización de la capacidad de atracción que posee la ciudad. La verdad es que si dejáramos de visitar destinos turísticos por la mala gestión de los gobernantes, iríamos a muy pocos, pues los deficientes alcaldes, gobernadores y presidentes son tantos que hacen olas. Los territorios no son los seres grises que los gobiernan sino la gente que lo habita.


Abstenerse de ir a Popayán perjudica a los payaneses más que a su gobernante, quien tiene su presupuesto asegurado, mientras los prestadores de servicios hacen malabares para llegar al punto de equilibrio económico. Pienso especialmente en los pequeños empresarios que tienen finanzas más frágiles y son muy vulnerables a las pérdidas que deja una temporada alta de baja afluencia de clientes. Bastante mala prensa tienen ya sistemáticamente el departamento del cauca y su ciudad capital,  como para que sus habitantes aporten a la confusión. Si los turistas van a Israel que está en guerra, a Crimea que tiene tensiones, a Cartagena, Cali, Bogotá o Buenaventura que tiene peores índices de seguridad, ¿Por qué no han de ir a la ciudad blanca?

Las gotas que derramaron la taza y llevaron a la desafortunada invitación a ignorar a Popayán como destino parecen ser la deficiente ejecución de obras públicas en las calles de la ciudad que acentúan la incomodidad que ya había por su mal estado y un decreto que prohíbe por “profano” todo lo que no sea actividad religiosa. La palabra “profano” ha sido corregida en el texto del decreto, más no las prohibiciones absurdas y el talante autoritario del mismo.

No voy a abundar en lo perverso que puede ser para una ciudad que un contratista rompa calles y las deje dañadas por los días de los días, pues el escándalo de los Nule en Bogotá nos tiene saturados con ese tema. Pero ya que citamos ese ejemplo paradigmático del desorden en la ejecución de recursos públicos recordemos que mientas la ciudad de Bogotá pasa por problemas y controversias sigue siendo uno de los destinos turísticos más importantes de Colombia.

En cuanto al decreto número 20141900002695 ha sido muy conocido por su artículo 10 y la palabra profano, pero es un decreto que (a pesar de las buenas intenciones de orden y respeto que pueda tener) es de un extremo al otro un documento que se comporta como si Colombia fuera un  estado confesional y no el estado laico que es, respetuoso de la diversidad en lo concerniente a la libertad de conciencia. Es ese trasfondo religioso y autoritario (el decreto “ordena” poner flores en los balcones como si fuera también ordenador del gasto familiar) el que irrita y genera reacciones, algunas de ellas controversiales como el artículo que invita a no visitar la ciudad.

2 .      Popayán, con todos los peros que tenga, es una ciudad “divina” en el más profano sentido de la palabra. Aun con calles desechas y decretos desafortunados (que son ciertos y están ahí, visibles)  es un lugar hermoso para visitar. Es un rinconcito sabroso del mundo que provee experiencias memorables. Ningún desafuero de orden político o administrativo es suficiente para que nos privemos del placer de gozarla.


Más allá del recogimiento de la Semana Santa y de la hermosura de las paredes blancas (que enmascaran las espaldas negras, indias, mestizas y “libres de todos los colores” que hicieron posible su construcción) hay un mundo de sabores, de sensaciones, de paisajes, experiencias, que invitan. Popayán es la ocasión para la fe, pero también (como corresponde a un país con libertad de credos y un amplísimo mestizaje) es un lugar con opciones de disfrute de la cultura popular tradicional y es un centro logístico que facilita el acceso a ese universo rico y variado que es el departamento del Cauca.

Quiero también ser enfático en expresar el desacuerdo con la presentación de Popayán como una ciudad de violencia incontrolada. Si bien no es el paraíso tampoco es el campo de batalla que pinta el artículo referido.  Es una ciudad común y corriente, similar a tantas otras del mundo y las prevenciones que hay que guardar en ella son semejantes a las de cualquier otra ciudad de donde venga el turista. Colombia sufre a causa de la violencia, pero no es la violencia y la inseguridad el signo que predomina en la vida cotidiana de este país. Y esto lo digo sin edulcorar los problemas sociales y de orden público que padecemos.  Esos problemas están y son ciertos, pero no son suficientes para vetar la visita  a una ciudad. No he tomado el trabajo de corroborar las estadísticas, pero me resulta poco creíble cuando se dice que Popayán es la cuarta ciudad más insegura del país, caminando las calles en diversos horarios tengo una impresión muy diferente. Para decirlo en un slogan del viceministerio de turismo: En Popayán, “el riesgo es que te quieras quedar”.

Así, aunque respeto y hasta creo comprender las motivaciones de quienes se expresan en sentido contrario, digo con la mayor convicción del mundo: “Vayan a Popayán”. Semana Santa puede ser la ocasión perfecta. Y desde allí, extiendan sus ojos hacia el resto del Cauca. Hay en este territorio una porción de esa Colombia incógnita que espera por los ojos amorosos que la miren.



sábado, 8 de febrero de 2014

POLIFEMO. (O las desventuras de un gigante)


Fragmento de una obra en versos para teatro de muñecos y publico familiar


POLIFEMO:                    Cada cual cuenta la historia
según el sitio en que estaba,
la presa que se guardaba
o su pretensión de gloria.
Y esa frágil, la memoria
también ayuda al desvío,
Confunde calor con frío,
confunde el sol con la luna
y en resumen, yo en ninguna
historia esas me fío.

Yo bien se de mucha fama
que es pura escenografía
y se de la mano fría
que tacha y corta la rama
Ni el tiempo que nos reclama
con herramientas sutiles
devuelve tantos abriles
convertidos en invierno;
así lo injusto es eterno,
así gobiernan los viles.

MENELAO:   Ay, yo me siento feliz
         lleno de inmenso placer
         porque el pobre de París
         ha raptado a mi mujer.

AGAMENÓN¿Y es que a tanto se atrevió?
MENELAO:  Sí, pero casi que no.

                        Y mira que yo le daba
                        espacio a ese cretino,
                        le allanaba el camino
                        pero el no se arriesgaba.
                        A Zeus yo le rogaba,         
                        de todo le prometía
                        y nada que me cumplía,
                        hasta que por fin ayer
                        Paris con mi mujer
                        por la sombra se escurría.


                        Vino a avisarme un vigía
                        pero yo le dije calma
                        que he implorado con mi alma
                        por ver llegar este día.
                       
AGAMENÓN: ¿Y para dónde la lleva?
                          Dime el sitio en el que están
                          Dime el camino en que van
                          Y si su sandalia es nueva

MENELAO:  ¿Pues, para dónde va a ser?
         Para su casa allá en Troya.
         Al  fin se cargo a esa roya
         y no la tendré que ver

AGAMENÓN: Iremos como es deber
                          por ella y por tu honor,
                          que no hay agravio mayor
                          que rapten a tu mujer

MENELAO:  Eso si que no va a ser
                        mi hermano porque te digo
                        que para mi esa mujer
                        ya no era sino un castigo.
             
AGAMENÓN: ¿Y acaso nos interesa
          Elena o sus ojos moros.
          Iremos por la riqueza
          por los grandiosos tesoros

POLIFEMO: Sin que yo supiera nada
                           el enredo comenzó
                           Un bochinche en el que yo
                           pues nada tuve que ver.
                           Como siempre una mujer
                           de buen pretexto sirvió:
                           Elena se enamoró
                           del patán que no debía
                           y dio pretexto ese día
                           para lo que sucedió.

AGAMENÓN:  Con todo el que tenga brazos
CORO:              Nos vamos para la guerra
AGAMENÓN:  Los vamos a hacer pedazos
CORO:              Nos vamos para la guerra
AGAMENÓN:  Para demostrar  valor
CORO:              Nos vamos para la guerra.
AGAMENÓN:  Para salvar nuestro honor
CORO:              Nos vamos para la guerra
AGAMENÓN:  Alistense caballeros
CORO:              Nos vamos para la guerra

PACIFICUS:    Si no erupciona un volcan,
                          un guerrero grita “Guerra”
                           y los pobres de esta tierra
                           nunca felices están.

AGAMENÓN:  Aquí todo aquel pueda
           algun arma sostener
           debe cumplir su deber
           y rodar con esta rueda.
  
PACIFICUS:  Ay, yo no puedo embarcar
                        mañana con los guerreros,
                        partiría de los primeros
                        pero  me voy a casar

AGAMENÓN: Hoy tu no pienses en eso,
                          Ya podrá cuando regreses
                           recompensarte con creces
                          en tu amor

PACIFUCUS:                       Si es que regreso.

AGAMENÓN: Entonces tendrá solera
                          el vino que  ella esperando,
                          te habrá ido acumulando        
PACIFICUS:   Eso será si me espera.

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Este texto, junto a Meñique, forma parte del libro "Historias de gigantes", compuesto por obras destinadas al teatro de muñecos y a un publico familiar.

domingo, 2 de febrero de 2014

Descarga VII: La salsa, el patrimonio y la ranchera chiquinquireña.


DESCARGA: La “descarga” es una expresión espontanea, informal, un desahogo, un dejar fluir emociones o ideas.

German Patiño es un referente en el ámbito de la cultura en el Valle del Cauca. Su “Fogón de negros” es un documento que vamos a agradecerle siempre. Por esta razón cualquier escrito suyo tiene lectores incondicionales (entre los que me incluyo). Por eso causa regocijo su participación en el debate empieza a tomar forma ahora que ha cogido fuerza una tendencia que propende por el reconocimiento de la salsa como patrimonio cultural de Cali.
Lamentablemente su participación en el tema la hace mediante una parábola, de intención evidentemente satírica,  que nos hace recordar los ejemplos que nos regala Jorge Luis Borges en su breve ensayo “ElArte de injuriar”. Aunque esto puede añadirle picante al asunto, le resta profundidad. Vale aquí recordar la caracterización que hace Borges: “La sátira no es menos convencional que un diálogo entre novios o que un soneto distinguido con la flor natural por José María Monner Sans. Su método es la intromisión de sofismas, su única ley la simultánea invención de buenas travesuras. Me olvidaba; tiene además la obligación de ser memorable”. Es posible que alguno de los vainazos que nos regala Patiño sea memorable, pero poco aporta a una discusión seria de un  tema que en verdad amerita un debate de mayor altura. Y digo que lo amerita porque nada del patrimonio cultural debe asumirse sin una posición crítica (es decir de análisis).
Su artículo lo comienza con una verdad que pocos se atreverían a contradecir “Tenemos problemas con nuestros patrimonios culturales”, pero acto seguido trae a colación el caso de los parqueaderos de la Plaza  de Toros, donde unos codiciosos negociantes quieren lucrarse sin importar el detrimento del patrimonio. ¿Es similar esto a lo que sucede con la declaratoria de patrimonio de la salsa? No lo creo, al menos el articulista no lo demuestra, pero pone la carga así, ladinamente, por yuxtaposición.
También dice que tenemos “confusiones y vivezas”. Aquí sigue por la línea de desvirtuar al argumentador y no los argumentos, coloca a todos los que propenden por el reconocimiento de la salsa como patrimonio en la categoría de “vivos”. Creo que por las capacidades de una persona como Germán Patiño uno podría esperar más que eso.
Este asunto nos mete de lleno en la ardua tarea de definir qué elementos son representativos de nuestra identidad y cuales en cambio no son relevantes. Si la cultura es algo que siempre está transformándose, esto en un país “plurietnico y multicultural” como nos gusta pregonar, es mucho más complejo. Si América es un territorio de encuentros (o encontronazos) de culturas, Cali es un digno ejemplar de este fenómeno. De hecho, sus elites económicas y políticas provienen en gran medida, más que de hidalgos españoles llegados en la conquista, de hábiles comerciantes provenientes de los más diversos rincones del mundo. Es una ciudad comercial, con mucho de puerto a pesar de estar enclavada entre dos cordilleras de los Andes, pues Buenaventura funciona mas como muelle que como puerto. A una ciudad así llegan patrones culturales que se arraigan y pasan a ser parte de alma misma de la ciudad.
El fenómeno de la salsa en Cali, que hoy nos ocupa, se inscribe dentro de la “cultura popular”, y resulta muy difícil negar que la misma constituye un elemento de “identidad grupal” en la ciudad y lo que es mucho más grave, a partir de la fortaleza de la manifestación en  dinámica cotidiana de este territorio y en consecuencia del éxito de sus bailarines en eventos internacionales, la salsa ha devenido en un elemento constitutivo de la “imagen” de la ciudad. Que todo ese devenir desemboque en una declaratoria de patrimonio es apenas lógico. Por ahí se hace necesario llegar a otras precisiones: ¿Es la “peculiar forma de bailarla” o determinadas prácticas y costumbres relacionadas con la salsa lo que se considera patrimonio? Ese es un tema que amerita un debate del mayor rigor. Y ese debate no se ha dado.
La intervención del maestro Patiño se limita a cuestionar que se le asignen recursos a eventos relacionados con la salsa, a cuestionar el nivel académicos del encuentro teórico de dicho evento y a lamentar que el estado financie el Plan Especial de Salvaguarda para dicha manifestación. En el desarrollo de estos argumentos utiliza palabras como estafa, vagos y camajanes de barrio. Ello no aporta mayor claridad conceptual al asunto pero si dejan claro que el poco aprecio a la manifestación por parte del articulista está claramente motivado por un rechazo a quienes la portan.  El aprecio o el desprecio son un asunto personal sobre el que poco hay que decir, cada quien lo administra según su leal entender (y no sobra suponer que cada quien sus razones tendrá), pero el análisis de la valía y la pertinencia de la inversión en una manifestación de la cultura popular requiere algo más que unos  sentimientos personales.
Decía al inicio que me parece fantástica la llegada de personas como el señor Germán Patino al análisis que este asunto merece, es algo que celebro aunque me parezca desafortunada la manera en que ha asumido el abordaje del tema. No importa, por el camino se arreglan las cargas, como dicen los arrieros. Quisiera terminar esta descarga, con un toque de humor,  apropiándome de una frase citada en el ensayo ya referido de Borges, quien su vez asegura haberla tomado de De Quincey. Se trata de un señor a quien en medio de una discusión teológica le lanzan un vaso de agua a la cara. El agredido, con toda flema, respondió con una frase que me gustaría poder decirle al maestro Germán Patiño con relación a su artículo Patrimonio publicado en el diario El país eldía 1 de febrero de 2014: “Esto, señor, es una digresión; espero su argumento”.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

DESCARGA VI: NAVIDAD

DESCARGA: La “descarga” es una expresión espontanea, informal, un desahogo, un dejar fluir emociones o ideas.

Creo que una de las cosas buenas  (todo en este mundo tiene algo de malo y de bueno) que nos dejó haber nacido y crecido en un país ateo (por ley consagrada en la constitución) es que nos salvamos de esos ridículos gorritos de navidad. No tuvimos navidad (tal vez nos la quitaron) pero si Nochebuena. Mis nostalgias decembrinas tiene que ver con eso, con la Noche Buena que en realidad eran día y medio con dos noches. La cosa comenzaba el 23 por  la tarde con el sacrificio del lechón. El lechón es un cerdo que no pasa de 100 libras, ideal entre 60 y 80 libras, para que ase bien, mas grande es más difícil, en el caso de los cerdos del campesino común, que los alimentaba con sancocho (para los amigos colombianos léase aguamasa)  y palmiche, después de ese peso acumulan mucha grasa. Grasa hoy  vilipendiada que es una delicia sobre unas yucas blanditas, sobre un plato de frijoles negros, sobre una malanga, sobre el arroz y hasta sobre un pan si el hambre aprieta.  Bueno, decía que se sacrificaba el lechón, se consumían las vísceras, se hacía un “rabo encendío” con el espinazo y el cerdo se adobaba: naranja agria, ajo y  sal son suficientes, pero cada cual le agrega los condimentos  de su gusto. Y esa noche el lechón o los lechones quedaban aliñándose solos mientras la familia tenía los primeros escarceos de celebración. Esa noche era la hora del vino tinto y los Turrones de Gijón, que para mi generación son una nostalgia más que un recuerdo, porque probamos muy poquitos, pero para nuestros padres y abuelos eran algo bendito. Si algo nos hacía sentir que vivíamos en  un país con escasez era la falta de esos dulces. He dicho lechón, pero podían ser lechones, según el tamaño de la familia. Esa tarde del 23 se revisaba el hueco donde se asaban los cerdos  y se profundizaba si se había tapado un poco, se alistaba la parrilla de palos de guayaba y se acomodaba todo para que todo estuviera listo al amanecer.

El 24 amanecía temprano. Se lanzaba la leña al hueco para hacer brasas y cuando estas quedaban listas se ponía la parrilla con el cerdo. Siete u ocho horas después (entre las tres y seis de la tarde) se hacía la comida. Asar un cerdo era cosa de hombres. Las mujeres hacían el arroz  congrí, las yucas, la ensalada de lechuga y tomate, armaban una mesa larguísima bajo un árbol en el patio y supervisaban y controlaban todo. En la mañana llegaba toda la familia. Toda es toda. Y a la hora de comer también los vecinos, así tuvieran asado en sus casas, en algún momento de la tarde o la noche debían comer. Aunque sea un poquito. Eso se acompañaba de cervezas que desde temprano se ponían en un barril metálico de cincuenta y cinco galones con hielo, bloques de hielo que se traían del pueblo y se destrozaban con el mismo “pico”, primo de la pala, con que se hacen otras labores. El cerdo se ponía entero sobre la mesa y se cortaba y servía directamente a los platos, junto a él se colocaban las fuentes de congrí, ensalada y yuca con mojo. A comer, a comer todos, la familia, los amigos, el que pasara por ahí, a los amigos más queridos se les buscaba y se les daba de comer así fuera su tercera cena de la noche. Fiesta. El 24 era una fiesta para compartir sin miseria. No era un lujo, apenas lo normal.

Con la crisis de los años 90 eso cambió. Ya casi nunca la cosa alcanza ni para asar un cerdito. Y un pernil en cazuela es rico pero no es eso vivíamos en la finca de los abuelos. Se menguó la Nochebuena de los cubanos. Con la globalización y cierto resquebrajamiento de los controles gubernamentales volvió (o llegó, no se) Santichoj, el pesebre, el árbol de navidad y con ellos la nieve de algodón o icopor y toda esa parafernalia que los guajiros no conocimos.

No tuvimos arbolitos de navidad, ni lucecitas ni tanto perendengue. No se si a esa sobriedad se llegó por un desarrollo de costumbres o si fue parte las consecuencias del estado ateo. El caso es que nos salvamos por muchos años de tanto kirsch, de tanto colorín, de tanto gasto insulso. La Nochebuena tenía unos pocos ingredientes: comida, cariño y trago. Comida, pero mucha comida; trago, pero mucho trago y cariño por montones (bueno, en verdad debía decir cariño con cojones, pero la corrección política me inhibe). Todo para repartir: repartir comida, brindar cervezas o aguardientes, regalar abrazos. Todavía sigo apegado a ellos. Tal vez la falta de eso sea lo que me hace sentir lejos cada diciembre. Tal vez me sentiría lejos aún en La Habana.

domingo, 13 de octubre de 2013

Descarga V: De rumores y tentaciones…


DESCARGA: La “descarga” es una expresión espontanea, informal, un desahogo, un dejar fluir emociones o ideas.

Cuando me dicen que Gloria Castro, directora de Incolballet es una harpía tengo la tentación de creerlo,  no tanto por las historias que he escuchado sobre sus tropeles y  gauchadas con exalumnos que devienen competencia, sino porque todas las directoras de escuelas de ballet de las que tenga referencia tienen la misma fama. De la prima ballerina absoluta Alicia Alonso para abajo es un patrón que se repite. Aunque en el fondo desconozco las causas de ese fenómeno que funciona casi como un deja vu,  me atrevo a aventurar que es consecuencia lógica del trabajo de todo formador. El maestro crea su relevo, su competencia y sus contrarios en el plano artístico. También su competencia en el plano económico y de disfrute del poder. Con cuanta altura, saña, alevosía, gallardía o golpes bajos se desarrolla esa lucha determina el tipo de historia o comidilla parroquial que escucharemos. Es decir, me parece apenas natural que eso suceda.

Cuando me dicen que Mariana Garcés (ahora ministra de cultura) es una harpía tengo la tentación de creerlo, pues es tradición que las gradas por las que se asciende a ministro de cultura de cualquier país hay unos cuantos escalones conformados por cabezas que se pisan en el ascenso. En esa ruta son frecuentes las sobadas de saco, las lamidas de botas y genuflexiones diversas. También es tradición que en ese tipo de puestos se nombre a funcionarios que su mayor cualidad es no funcionar. En el Valle del Cauca en particular ha hecho carrera el nombrar en las secretarias o cargos relacionados con la cultura a señoras de “buenas familias”, con una adecuada instrucción, pero con una noción de la cultura bastante decorativa, es decir estrecha y conservadora. En consecuencia tales señoras devienen en un estorbo para el desarrollo del sector cultura. Suelen imponer políticas retardatarias, desfasadas, caprichosas o ligadas a pequeños intereses.

Cuando me dicen que en la Bienal de Danza de Cali y todo el manejo de lo acontecido en torno a la misma hay una especie de vendetta de la ministra contra la gestora cultural, tengo la tentación de creerlo. Parece ser costumbre de las elites caleñas copar los puestos de las juntas directivas de las instituciones que implican poder y dinero, para alinear las mismas en la dirección de sus intereses o caprichos, incluyendo en los beneficios a una pequeña rosca de allegados y excluyendo al resto de la población del Valle del Cauca en nombre de la cual suelen hablar. Y una vez en los puestos los amores y los desamores, los abolengos o la falta de ellos, pesan más en la decisiones que los criterios o argumentos sólidamente sustentados.

En cambio, cuando me dicen que se trata solo de una pelea entre “momios caleños”  y que gane quien gane pierde el Valle, tengo la tentación de no estar de acuerdo. Difiero porque aun aceptando el calificativo igualitario de “harpías”, se trata de una bronca en una harpía que crea y una harpía que usufrutua. La señora Castro ha creado una escuela de ballet, una compañía y ha posicionado esto a nivel nacional a base de resultados y reconocimiento por la labor. En cambio la ministra solo ha tenido buenas relaciones y oportunidades, lo que presenta como logros de gestión no pasan de ser evidencias de que ha tenido presupuestos para ejecutar. Tal vez sea un ignorante que desconozca muchos meritos suyos, pero la verdad es que no le conozco otros.

Cuando me dicen que toda esta polémica le hace daño al Valle del Cauca, pues son escasos los ministerios que han tenido representantes de esta región en los últimos años y “que vaina” que la afortunada que ha tenido acceso a esa dignidad vaya a salir con la imagen “toteada” por conflictos internos del Valle también tengo la tentación de creerlo. Cuando un territorio pone un funcionario a nivel nacional lo deseable es que este salga del puesto con la imagen fortalecida para que en un futuro sea una figura con opciones para ser nombrado en otro puesto de ese mismo orden o mayor y traiga mayores beneficios al territorio. Pero cuando el personaje nombrado no está a la altura del reto que implica el nombramiento y se dedica a cumplir sueños o caprichos, a beneficiar de manera evidente y desmedida a los miembros de su círculo, no hay manera que salga bien la cosa. Se pierde el sentido de solidaridad y pertenencia, pues en los actos del funcionario los habitantes del territorio no se ven correspondidos. Algo así como que “pa la leche que da la vaca que se la tome el ternero”.

Así entre tantas tentaciones se me da la tentación pensar que mientras tengamos líderes políticos  como los que tenemos, provenientes de unas elites miopes y rapaces o en su defecto sobrevivientes voraces de los tropeles electoreros, seguiremos dando vueltas en un circulo ciego, sin proyección hacia un futuro más amable.



domingo, 8 de septiembre de 2013

Descarga IV: De los migrantes.

DESCARGA: La “descarga” es una expresión espontanea, informal, un desahogo, un dejar fluir emociones o ideas.

Algún día de esos muchos días del migrante, te descubres en un velorio llorando un muerto. Ese raro día en que te toca sembrar en un cementerio que consideras lejano a un amigo de esos conocidos por allá por esas tierras que amas pero no consideras aun tu patria, te das cuenta que ya eres de ahí. No importa lo que diga tu pasaporte. No importa lo que pregones. No importa lo que crean tus vecinos. Un pedazo de ti ya se pegó a esa tierra. Ellos, los de allí, aunque quizás no lo digan y ni siquiera se lo digan a si mismos, también se darán cuenta al ver la lagrima de que que no hay remedio.

La fragilidad de una lágrima te revela cuando te has puesto enraizado en ese lugar. Y si cometes la imprudencia de imaginar que puedes regresar a tu patria, a tu ciudad, a tu barrio, a los frijoles de la abuela, descubrirás que ya en tu vida hay otras ciudades, otras calles, otras casas otros sabores que también son objeto de nostalgia. Eres un hombre entonces del mundo si lo quieres decir bonito o una cabrón condenado a la nostalgia si quieres echártelo a la cara sin remilgos, porque no se puede tener más de una patria  y estar en todas a la vez. 


Un día en que no vengas de un entierro podrás mirarlo con otros ojos.  Podrás pensar que tienes más sabores, mas lugares, mas amigos, mas patrias. Podrás pensar que tu mundo es más ancho o que tienes el corazón más grande y por eso te caben en el todos los amores sin que ninguno estorbe al otro. Pero hoy vienes de un entierro y acabas de descubrir que tu vida también se hizo aquí. Acabas de saberte parte de este mundo y eso te sobresalta sin saber por qué.

viernes, 6 de septiembre de 2013

VII



Cuando cruces el abismo
daña el puente, daña, daña…
rompe sin furia y sin saña,
di “no hay regreso” tú mismo.
Sentirás como que un sismo
te deja solo y sin piso,
sentirás como un aviso
de la muerte y de la vida,
sentirás como una herida
y te verás de improviso.