sábado, 8 de febrero de 2014

POLIFEMO. (O las desventuras de un gigante)


Fragmento de una obra en versos para teatro de muñecos y publico familiar


POLIFEMO:                    Cada cual cuenta la historia
según el sitio en que estaba,
la presa que se guardaba
o su pretensión de gloria.
Y esa frágil, la memoria
también ayuda al desvío,
Confunde calor con frío,
confunde el sol con la luna
y en resumen, yo en ninguna
historia esas me fío.

Yo bien se de mucha fama
que es pura escenografía
y se de la mano fría
que tacha y corta la rama
Ni el tiempo que nos reclama
con herramientas sutiles
devuelve tantos abriles
convertidos en invierno;
así lo injusto es eterno,
así gobiernan los viles.

MENELAO:   Ay, yo me siento feliz
         lleno de inmenso placer
         porque el pobre de París
         ha raptado a mi mujer.

AGAMENÓN¿Y es que a tanto se atrevió?
MENELAO:  Sí, pero casi que no.

                        Y mira que yo le daba
                        espacio a ese cretino,
                        le allanaba el camino
                        pero el no se arriesgaba.
                        A Zeus yo le rogaba,         
                        de todo le prometía
                        y nada que me cumplía,
                        hasta que por fin ayer
                        Paris con mi mujer
                        por la sombra se escurría.


                        Vino a avisarme un vigía
                        pero yo le dije calma
                        que he implorado con mi alma
                        por ver llegar este día.
                       
AGAMENÓN: ¿Y para dónde la lleva?
                          Dime el sitio en el que están
                          Dime el camino en que van
                          Y si su sandalia es nueva

MENELAO:  ¿Pues, para dónde va a ser?
         Para su casa allá en Troya.
         Al  fin se cargo a esa roya
         y no la tendré que ver

AGAMENÓN: Iremos como es deber
                          por ella y por tu honor,
                          que no hay agravio mayor
                          que rapten a tu mujer

MENELAO:  Eso si que no va a ser
                        mi hermano porque te digo
                        que para mi esa mujer
                        ya no era sino un castigo.
             
AGAMENÓN: ¿Y acaso nos interesa
          Elena o sus ojos moros.
          Iremos por la riqueza
          por los grandiosos tesoros

POLIFEMO: Sin que yo supiera nada
                           el enredo comenzó
                           Un bochinche en el que yo
                           pues nada tuve que ver.
                           Como siempre una mujer
                           de buen pretexto sirvió:
                           Elena se enamoró
                           del patán que no debía
                           y dio pretexto ese día
                           para lo que sucedió.

AGAMENÓN:  Con todo el que tenga brazos
CORO:              Nos vamos para la guerra
AGAMENÓN:  Los vamos a hacer pedazos
CORO:              Nos vamos para la guerra
AGAMENÓN:  Para demostrar  valor
CORO:              Nos vamos para la guerra.
AGAMENÓN:  Para salvar nuestro honor
CORO:              Nos vamos para la guerra
AGAMENÓN:  Alistense caballeros
CORO:              Nos vamos para la guerra

PACIFICUS:    Si no erupciona un volcan,
                          un guerrero grita “Guerra”
                           y los pobres de esta tierra
                           nunca felices están.

AGAMENÓN:  Aquí todo aquel pueda
           algun arma sostener
           debe cumplir su deber
           y rodar con esta rueda.
  
PACIFICUS:  Ay, yo no puedo embarcar
                        mañana con los guerreros,
                        partiría de los primeros
                        pero  me voy a casar

AGAMENÓN: Hoy tu no pienses en eso,
                          Ya podrá cuando regreses
                           recompensarte con creces
                          en tu amor

PACIFUCUS:                       Si es que regreso.

AGAMENÓN: Entonces tendrá solera
                          el vino que  ella esperando,
                          te habrá ido acumulando        
PACIFICUS:   Eso será si me espera.

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Este texto, junto a Meñique, forma parte del libro "Historias de gigantes", compuesto por obras destinadas al teatro de muñecos y a un publico familiar.

domingo, 2 de febrero de 2014

Descarga VII: La salsa, el patrimonio y la ranchera chiquinquireña.


DESCARGA: La “descarga” es una expresión espontanea, informal, un desahogo, un dejar fluir emociones o ideas.

German Patiño es un referente en el ámbito de la cultura en el Valle del Cauca. Su “Fogón de negros” es un documento que vamos a agradecerle siempre. Por esta razón cualquier escrito suyo tiene lectores incondicionales (entre los que me incluyo). Por eso causa regocijo su participación en el debate empieza a tomar forma ahora que ha cogido fuerza una tendencia que propende por el reconocimiento de la salsa como patrimonio cultural de Cali.
Lamentablemente su participación en el tema la hace mediante una parábola, de intención evidentemente satírica,  que nos hace recordar los ejemplos que nos regala Jorge Luis Borges en su breve ensayo “ElArte de injuriar”. Aunque esto puede añadirle picante al asunto, le resta profundidad. Vale aquí recordar la caracterización que hace Borges: “La sátira no es menos convencional que un diálogo entre novios o que un soneto distinguido con la flor natural por José María Monner Sans. Su método es la intromisión de sofismas, su única ley la simultánea invención de buenas travesuras. Me olvidaba; tiene además la obligación de ser memorable”. Es posible que alguno de los vainazos que nos regala Patiño sea memorable, pero poco aporta a una discusión seria de un  tema que en verdad amerita un debate de mayor altura. Y digo que lo amerita porque nada del patrimonio cultural debe asumirse sin una posición crítica (es decir de análisis).
Su artículo lo comienza con una verdad que pocos se atreverían a contradecir “Tenemos problemas con nuestros patrimonios culturales”, pero acto seguido trae a colación el caso de los parqueaderos de la Plaza  de Toros, donde unos codiciosos negociantes quieren lucrarse sin importar el detrimento del patrimonio. ¿Es similar esto a lo que sucede con la declaratoria de patrimonio de la salsa? No lo creo, al menos el articulista no lo demuestra, pero pone la carga así, ladinamente, por yuxtaposición.
También dice que tenemos “confusiones y vivezas”. Aquí sigue por la línea de desvirtuar al argumentador y no los argumentos, coloca a todos los que propenden por el reconocimiento de la salsa como patrimonio en la categoría de “vivos”. Creo que por las capacidades de una persona como Germán Patiño uno podría esperar más que eso.
Este asunto nos mete de lleno en la ardua tarea de definir qué elementos son representativos de nuestra identidad y cuales en cambio no son relevantes. Si la cultura es algo que siempre está transformándose, esto en un país “plurietnico y multicultural” como nos gusta pregonar, es mucho más complejo. Si América es un territorio de encuentros (o encontronazos) de culturas, Cali es un digno ejemplar de este fenómeno. De hecho, sus elites económicas y políticas provienen en gran medida, más que de hidalgos españoles llegados en la conquista, de hábiles comerciantes provenientes de los más diversos rincones del mundo. Es una ciudad comercial, con mucho de puerto a pesar de estar enclavada entre dos cordilleras de los Andes, pues Buenaventura funciona mas como muelle que como puerto. A una ciudad así llegan patrones culturales que se arraigan y pasan a ser parte de alma misma de la ciudad.
El fenómeno de la salsa en Cali, que hoy nos ocupa, se inscribe dentro de la “cultura popular”, y resulta muy difícil negar que la misma constituye un elemento de “identidad grupal” en la ciudad y lo que es mucho más grave, a partir de la fortaleza de la manifestación en  dinámica cotidiana de este territorio y en consecuencia del éxito de sus bailarines en eventos internacionales, la salsa ha devenido en un elemento constitutivo de la “imagen” de la ciudad. Que todo ese devenir desemboque en una declaratoria de patrimonio es apenas lógico. Por ahí se hace necesario llegar a otras precisiones: ¿Es la “peculiar forma de bailarla” o determinadas prácticas y costumbres relacionadas con la salsa lo que se considera patrimonio? Ese es un tema que amerita un debate del mayor rigor. Y ese debate no se ha dado.
La intervención del maestro Patiño se limita a cuestionar que se le asignen recursos a eventos relacionados con la salsa, a cuestionar el nivel académicos del encuentro teórico de dicho evento y a lamentar que el estado financie el Plan Especial de Salvaguarda para dicha manifestación. En el desarrollo de estos argumentos utiliza palabras como estafa, vagos y camajanes de barrio. Ello no aporta mayor claridad conceptual al asunto pero si dejan claro que el poco aprecio a la manifestación por parte del articulista está claramente motivado por un rechazo a quienes la portan.  El aprecio o el desprecio son un asunto personal sobre el que poco hay que decir, cada quien lo administra según su leal entender (y no sobra suponer que cada quien sus razones tendrá), pero el análisis de la valía y la pertinencia de la inversión en una manifestación de la cultura popular requiere algo más que unos  sentimientos personales.
Decía al inicio que me parece fantástica la llegada de personas como el señor Germán Patino al análisis que este asunto merece, es algo que celebro aunque me parezca desafortunada la manera en que ha asumido el abordaje del tema. No importa, por el camino se arreglan las cargas, como dicen los arrieros. Quisiera terminar esta descarga, con un toque de humor,  apropiándome de una frase citada en el ensayo ya referido de Borges, quien su vez asegura haberla tomado de De Quincey. Se trata de un señor a quien en medio de una discusión teológica le lanzan un vaso de agua a la cara. El agredido, con toda flema, respondió con una frase que me gustaría poder decirle al maestro Germán Patiño con relación a su artículo Patrimonio publicado en el diario El país eldía 1 de febrero de 2014: “Esto, señor, es una digresión; espero su argumento”.